El Centro Universitario Regional del Suroeste (CURSO), fue la primera extensión de la Universidad Autónoma de Santo Domingo en crearse para cumplir con los mandatos del Movimiento Renovador, el 26 de febrero de 1970, es pues el más antiguo Centro Regional, ese solo dato lo hace merecedor de un trato diferente de parte de las autoridades nacionales, pero no es el caso.
Por la política del presidente Leonel Fernández de dotar de edificaciones modernas a la más la vieja Casa de Altos Estudios de América, se han edificado nuevas estructuras en Puerto Plata, Nagua, Santiago, San Francisco, Bonao, Higüey, Hato Mayor, y San Juan, Barahona ha quedado rezagada.
Múltiples factores convergen para que la subregión Enriquillo no cuente con edificios, laboratorios, bibliotecas, aulas adecuadas y un campus digno, entre ellos destaca el hecho que desde aquí no se ha gestado un poderoso movimiento en la Sociedad Civil que reclame la terminación, y sobre todo, es notoria la apatía de los regidores, legisladores y funcionarios de la zona frente a tan sentida necesidad académica.
Desde que el proceso privatizador diezmo la vida económica de Barahona, con la entrega, a precios de vaca muerta, del ingenio y los campos cañeros, las minas de sal y yeso al sector privado, la vida colectiva a languidecido en la región, por efecto de la crisis sempiterna, ahora multiplicada.
Barahona vive los fines de semana cuando los más de seis mil estudiantes de las provincias cercanas se mueven hacia ella, activando el transporte interprovincial, los motoconchos, el comercio de fotocopias, comida, salones, barberías, librerías, tiendas y supermercados.
Si las actividades comerciales crecen por la presencia de los estudiantes que asisten al CURSO, y estos solo son algo más de seis mil, ¿qué pasaría si se terminara la Ciudad Universitaria y los alumnos llegarán a diez, doce o quince mil? Eso tendría enorme impacto en la vida provincial, ¿acaso no se dan cuenta de ellos los comerciantes? Resulta lastimera la indiferencia de los sectores con autoridad social de la zona frente a este reclamo, al parecer solitario, de profesores y estudiantes de la UASD.
La nueva Ciudad Universitaria se reflejaría en el aumento de la calidad de la docencia, por las mejores condiciones de trabajo, en más gente laborando, nuevas carreras técnicas, en mejores profesionales, en más actividades socio-educativas, literarias, culturales, deportivas y artísticas para la región en general y para Barahona en particular.
Así como el FEFLAS, Juventud Caribe y FELABEL han movilizado al estudiantado, con el expreso apoyo de algunos maestros, otro tanto debe hacer la sociedad barahonera en su conjunto, funcionarios, legisladores, comerciantes, partidos políticos y trabajadores deben reclamar la terminación de la nueva Ciudad Universitaria porque la misma ha de repercutir positivamente en todos los ámbitos de la vida en el Suroeste coadyuvando a su crecimiento
El Campus permanecerá para las futuras generaciones que también tendrán mejores oportunidades para desarrollarse técnica, física, profesional e intelectualmente. Otro argumento que se debe traer a colación es que estamos hablando de la región más deprimida económicamente, además, presenta los índices más bajo rendimiento y cobertura escolar, así como las más altas tasa de exclusión social. No hay pues, argumentos que justifiquen la indiferencia frente a la parálisis de los trabajos para concluir la Ciudad Universitaria para Barahona.

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